Memoria XVIII Edición 2006
Ganadores
 
 
siguiente
 
 
Presentación
   
 

De acuerdo con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), cada año hasta 2 millones de niños, niñas y adolescentes en el mundo son víctimas de la explotación sexual comercial (prostitución y, o, pornografía) mientras que, en México, las cifras oficiales indican que alrededor de 16 000 niños y niñas son explotados sexualmente. Por otro lado, según el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia, DIF del Distrito Federal, en la ciudad de México existen más de 8 500 niños y niñas que viven en las calles, de los cuales, el 50% sufre de algún tipo de violencia sexual.

La explotación sexual comercial atenta contra la integridad personal, la dignidad, la identidad y la autoestima de niñas, niños y adolescentes y menoscaba su sano desarrollo integral, lesiona su salud física y emocional, viola sus derechos humanos fundamentales y amenaza su vida y su futuro.

La explotación sexual afecta a la niñez de prácticamente todos los estratos sociales; sin embargo, está estrechamente vinculada a la pobreza, a la falta de acceso a la educación y a la violencia y desintegración familiar, por lo que el problema suele ser más agudo en los países subdesarrollados y en vías de desarrollo.

Para combatirla de manera efectiva, es necesario, en primer lugar, reconocer su existencia y el daño social que implica, para, así, poder emprender acciones sistemáticas, organizadas y frontales en todos los ámbitos: gubernamental, legal, educativo, comunitario y familiar.

A pesar de que, en 1996, el problema fue abordado y enfrentado por los gobiernos de muchos países durante el Primer Congreso Mundial, celebrado en Estocolmo, Suecia, en esa época, en México, el tema de la explotación sexual infantil era considerado tabú e incluso el gobierno negaba su existencia.

En ese contexto, en septiembre de 1993, se fundó Espacios de Desarrollo Integral, A.C., como la primera institución del país dedicada a facilitar y promover procesos de desarrollo integral para niños, niñas y adolescentes en situación de vulnerabilidad y en riesgo de ser prostituidos, interviniendo directamente en La Merced, una zona de la ciudad de México muy importante por su dinámica comercial, la presencia de diferentes problemas sociales y donde la explotación sexual de la niñez a través de prácticas como la prostitución en la calle y espacios cerrados, la venta y distribución de pornografía infantil y el tráfico con fines sexuales son algunas de sus principales características.

Durante sus primeros años de operación, EDIAC, como se conoce a la Asociación, bajo la coordinación del Instituto Americano del Niño, de la Organización de Estados Americanos, llevó a cabo la primera investigación en México sobre explotación sexual comercial infantil, cuyos resultados han sido fundamentales para el reconocimiento del problema en el país y el desarrollo de acciones para enfrentar y combatir el problema.

Durante 13 años de trabajo directo con la comunidad, los niños, niñas, adolescentes y sus familias, EDIAC ha construido un modelo especializado de intervención para prevenir la prostitución infantil que, más allá de favorecer a un pequeño sector de la infancia, ha contribuido a que se tomen más y mejores medidas de atención y prevención, incluyendo la generación de políticas públicas orientadas a proteger los derechos de los menores y adolescentes de ambos sexos y combatir su explotación sexual.

Actualmente, la institución beneficia a 610 niños, niñas y adolescentes, a sus familias y a su red comunitaria inmediata.

   
 
Misión
   
 

Velar por que los niños, niñas y adolescentes se encuentren protegidos de toda forma de explotación sexual comercial.

   
Objetivos
     
 

Contribuir al conocimiento y prevención de la explotación sexual comercial de la niñez en México.

     
 

Aplicar y medir un modelo propio especializado en la prevención de la prostitución infantil.

     
 

Facilitar y fomentar procesos de desarrollo integral para niños, niñas y adolescentes en situación de vulnerabilidad y en riesgo de ser prostituidos.

     
 

Promover el trabajo comunitario y familiar en favor de los derechos humanos de la niñez.

     
Beneficiarios
   
  Las edades de los beneficiados van desde los seis a los 21 años y se dividen en los siguientes grupos:
     
 

Niños, niñas y adolescentes que trabajan en los mercados de la zona de La Merced.

 

Niños, niñas y adolescentes indígenas triquis que habitan en la comunidad urbana.

 

Niños, niñas y adolescentes de la colonia Morelos que corren riesgos.

  Adolescentes y jóvenes de la colonia Guerrero que están en situación de calle.
 

Madres jóvenes con sus bebés, de la Plaza Zarco, que viven en situación de calle.

     
 

Asimismo, se beneficia a las familias y la red comunitaria inmediata de los atendidos.

     
Estrategia operativa
     
 

El trabajo de EDIAC está orientado principalmente a la prevención; por ello, su estrategia se basa en el diseño y aplicación de un programa de atención integral que se adecua al grado de vulnerabilidad y riesgo de cada uno de sus beneficiados.

   
 

La intervención se lleva a cabo siguiendo un modelo de investigación en la acción en dos etapas:

   
  Etapa 1
   
 

Permite recoger y sistematizar información significativa de la comunidad sobre sus liderazgos, problemas, conflictos, manera de resolverlos, fracasos, redes sociales, historia de la colonia, ritos y mitos, etc.

   
  Etapa 2
   
 

A partir del análisis de la información recopilada, se plantean tres modalidades de intervención:

   
  1.

Individual y grupal, a través del espacio de encuentro llamado "Club Mechita", donde se propicia la participación infantil y se proporcionan herramientas para prevenir situaciones que impidan el desarrollo sano de los niños. Este espacio facilita a los operadores la construcción de un diagnóstico individual y grupal para conocer la historia de cada niño, niña y adolescente, su red subjetiva y relacional, la organización de sus grupos de pertenencia, el papel que desempeñan y sus vínculos con otros grupos.

     
  2.

Trabajo comunitario para reducir los factores de riesgo presentes en la comunidad. La intervención se da en los espacios de vivienda y trabajo de la población mencionada y contempla una labor de reconocimiento y construcción de vínculos entre la población de niños, niñas y adolescentes y sus familias.

     
  3.

Población en situación de calle, mediante un "Centro Móvil" que ofrece a los niños, niñas y adolescentes algunos servicios básicos de salud, alimentación, atención alternativa al uso y abuso de sustancias, escucha, educación no formal, recreación y atención personal especializada.

     
Principales servicios y actividades
     
 

Las actividades y servicios que ofrece EDIAC están agrupados en las siete áreas de intervención que abarca su programa de atención integral, las cuales son:

     
  Educación
   

Se busca fortalecer de manera integral el proceso educativo, a partir del apoyo, orientación y acompañamiento escolar de manera individual, así como el desarrollo de las habilidades cognitivas y el acceso y capacitación en áreas como la lectura y la computación.

     
  Salud integral
   

Se desarrollan programas preventivos de salud integral para promover la educación sexual, la comunicación, la autoestima y la prevención de adicciones.

     
  Derechos de la infancia
   

El objetivo es crear espacios de participación infantil y juvenil que faciliten la reflexión, la orientación, la organización y la expresión.

     
  Recreación
   

Se favorece la socialización, la convivencia, el juego y el acceso a centros de recreación y esparcimiento.

     
  Cultura y tradiciones populares
   

Se fomenta la organización y la unidad comunitaria mediante la celebración de eventos populares y tradicionales, como el Día de Muertos y la Navidad.

     
  Seguimiento y atención de casos
   

Se brinda atención individual y especializada a los casos de alta vulnerabilidad y riesgo o, bien, a aquellos que requieren acompañamiento para construir una vida autónoma o para la inserción profesional.

     
  Intervención en red comunitaria y familiar
   

Se propicia la participación de las familias y otros actores de la comunidad en la búsqueda de acciones para apoyar a la población infantil y se fomenta la reorganización comunitaria en torno a la prevención de los procesos de prostitución infantil.

     
anterior
siguiente
 
 
Presentación
   
 

Las constantes crisis económicas por las que ha atravesado México han dado lugar a un crecimiento importante del desempleo. Según el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), en 1994, la tasa de desempleo abierto fue del 3.9%, mientras que, para el tercer trimestre de 1995, la tasa de desocupación en las áreas más urbanizadas del país fue de 7.4%. Vinculado a lo anterior, el tiempo promedio de búsqueda de empleo se incrementó de 7.6 a 13.2 semanas.

Por otro lado, la apertura comercial iniciada en el país a finales de los años 1980 ha ocasionado una profunda crisis en las microempresas y pequeñas empresas del país, provocando que alrededor de un 70% de las empresas de ese tipo que logran formarse cierren en un lapso menor a dos años, dejando a más personas sin empleo.

Preocupados por colaborar en el desarrollo del país y en la solución del desempleo en México, en 1995, un grupo de reconocidos empresarios con visión social creó la Fundación ProEmpleo Productivo, A.C., una institución sin fines de lucro cuyo objetivo principal es contribuir a resolver la insuficiencia económica por medio de la educación, la capacitación y la asesoría para el autoempleo, así como la creación y mejora de microempresas, para que las personas puedan generar mayores ingresos a corto y largo plazo y, así, salir de la marginación en que se encuentran.

El desempleo no sólo causa estragos en la economía de nuestro país sino en la autoestima de millones de mexicanos que ven frustrados sus sueños de una mejor calidad de vida y que, por esa causa, sufren importantes problemas familiares y sociales.

En sus inicios, ProEmpleo promovía la capacitación en oficios básicos, haciendo alianzas con parroquias. Posteriormente, para complementar la capacitación, se creó el curso "Inicie su empresa", en el que se integraron temas como el desarrollo humano, ventas, costos, administración y finanzas y que concluía con la elaboración de un plan de negocios. A la fecha, el curso continúa impartiéndose conforme a la misma línea operativa. Al principio, se otorgaban becas a las personas de escasos recursos y se les pagaba un salario mínimo durante sus estudios; sin embargo, para que los beneficiados valoraran el servicio, se instauró una cuota de recuperación simbólica.

Gracias al apoyo de la Subsecretaría para la Pequeña y Mediana Empresa de la Secretaría de Economía, en 2004, ProEmpleo desarrolló y puso en marcha dos programas adicionales, la Incubadora de Empresas y el Centro de Desarrollo Empresarial, que ofrecen asesoría a aquellos empresarios que desean iniciar o mejorar, respectivamente, su microempresa.

A lo largo de su historia, con la finalidad de ampliar sus servicios, ProEmpleo ha establecido vínculos de cooperación con diversas instituciones gubernamentales y educativas, entre las que destacan las siguientes: Secretaría de Economía, Secretaría de Desarrollo Social, Instituto de Desarrollo Social, Secretaría de Desarrollo Económico e Instituto de las Mujeres del Distrito Federal, Instituto Nacional de Educación para Adultos, Dirección General de Centros de Formación para el Trabajo, Universidad Iberoamericana, Universidad La Salle y Universidad Panamericana. Asimismo, ProEmpleo ha contado con el apoyo del gobierno, la iniciativa privada y algunas instituciones no lucrativas para el desempeño de su labor. En los últimos dos años, la Asociación ha organizado la Expo-Conferencia Espacio Microempresarial, donde se ofrece, al público en general, conferencias relacionadas con la microempresa y se exponen los productos y servicios de los empresarios exitosos que ha graduado.

A la fecha, ProEmpleo cuenta con un gran equipo de profesionales y personas comprometidas: un Consejo Directivo de 20 miembros, un equipo operativo de 38 colaboradores, un grupo de 10 voluntarias dedicadas a la procuración de fondos, 30 empresarios voluntarios que brindan su apoyo como asesores y 19 jóvenes universitarios que realizan su servicio social.

Hasta 2005, en sus centros del Distrito Federal, ProEmpleo ha capacitado a más de 20 000 personas y ha ayudado a iniciar o mejorar más de 6 000 microempresas que, a su vez, han generado más de 22 000 fuentes de empleo. Su modelo es tan exitoso que, además de operar en el Distrito Federal, lo hace en el estado de México, y en las ciudades de Guadalajara, León, Puebla, Saltillo, Tuxtla Gutiérrez, y Xalapa, cuyos centros integran la Red ProEmpleo, que ha capacitado a más de 1 000 personas.

A lo largo de sus 11 años de trabajo, ProEmpleo ha difundido la cultura emprendedora, desarrollado las capacidades para mejorar la autoestima de los microempresarios, contribuido al desarrollo comunitario y fomentado la consolidación de negocios formales y la responsabilidad social del microempresario.

   
Misión
   
 

Impulsar el desarrollo de las personas que desean lograr una vida más digna y productiva mediante la capacitación y la asesoría para el empleo, el autoempleo y la creación o mejora de microempresas.

   
Objetivos
   
 

Promover el autoempleo y la creación y mejora de microempresas con el fin de elevar la calidad de vida de los mexicanos, fomentando la autosuficiencia económica para que se refleje en el bienestar de sus familias y las comunidades a las que pertenecen.

   
 
 
Beneficiarios
     
 

Hombres y mujeres de 18 años en adelante, con educación básica hasta superior, que se encuentren en cualquiera de las siguientes situaciones:

     
 

Desempleados que desean iniciar una microempresa;

 

Personas que ya tienen una microempresa y desean mejorarla; y

  Personas que, por sus circunstancias, tienen una autoestima muy baja.
     
 

Desde su inicio, ProEmpleo ha apoyado a personas de escasos recursos y, en los últimos años, también atiende a personas que antes tenían ingresos medios, pero que, debido a la situación económica del país, ahora no cuentan con recursos suficientes para sostener a sus familias.

   
 

De los participantes actuales, el 37% cuenta con una licenciatura, el 70% son mujeres y el 67% tiene entre 30 y 50 años de edad.

     
Estrategia operativa
     
 

La Fundación ProEmpleo fue creada por un grupo de empresarios exitosos y profesionales cuyos conocimientos y experiencia han sido la base para el desarrollo de su modelo educativo de capacitación y desarrollo.

El modelo está sustentado en los siguientes cuatro ejes rectores, que son la base de sus tres programas:

     
 

Desarrollo humano

 

La mayoría de las personas que acuden a ProEmpleo son desempleadas; por ello, desde el primer curso se lleva a cabo un trabajo importante para fortalecer y reconstruir la autoestima de los participantes.

     
  Conceptos teóricos relacionados con la microempresa
 

Se proporciona a los participantes las herramientas teóricas para la buena planeación, organización y administración de su empresa.

     
  Ejercicios y actividades de carácter pragmático
 

A través de una serie de prácticas y dinámicas de integración, se desarrollan las capacidades de los futuros microempresarios, se refuerzan los conceptos y se fomentan la cultura emprendedora y la responsabilidad social.

     
  Asesoría y seguimiento
 

Mediante asesorías con especialistas en diferentes áreas, se da seguimiento a los proyectos productivos de los participantes para evaluar su viabilidad y asegurar su buen funcionamiento.

     
 
Principales servicios y actividades
   
  ProEmpleo ofrece sus servicios por medio de tres programas básicos y otros adicionales.
     
  Capacitación empresarial
   

La capacitación se ofrece a través del curso "Inicie su empresa", que tiene reconocimiento de validez oficial y dura 80 horas, divididas en cuatro sesiones de 20 horas cada una. El programa se basa en la exposición y la participación y se practica con ejemplos y situaciones reales, por medio de los cuales se enseñan los conceptos básicos para el inicio o la mejora de una microempresa. Al término del curso, cada persona deberá haber desarrollado su propio Plan de Negocio.

     
  Incubadora de Empresas
   

El programa está dirigido a los emprendedores que, al término del curso de capacitación, desean iniciar una empresa constituida legalmente. El período de incubación dura tres meses, durante los cuales, los asesores profesionales de ProEmpleo analizan y evalúan el proyecto para conocer su viabilidad comercial y su factibilidad técnica y económica. Posteriormente, se da un seguimiento de nueve meses y, si el interesado requiere alguna asesoría específica, se le envía con algún especialista en esa área.

     
  Centro de Desarrollo Empresarial
   

La metodología que se utiliza en este programa es similar a la de la Incubadora de Empresas, pero su diferencia radica en que, en este caso, se atiende a las personas que ya tienen su microempresa y desean mejorarla.

     
  Otros servicios
   

Además de los mencionados, ProEmpleo ofrece otros servicios, como: desarrollo de imagen gráfica, conferencias de actualización, vinculación con instituciones de financiamiento y servicio continuo de asesorías especializadas.

     
anterior
siguiente
 
 
Presentación
   
 

La violencia se ha convertido en la primera causa de muerte a escala mundial de las mujeres en edad productiva y México no es la excepción: de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares, realizada en 2003, casi 47 de cada 100 mujeres en nuestro país habían sufrido al menos un ataque violento de su pareja en los últimos 12 meses y, según el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), uno de cada cinco días perdidos de vida saludable de las mujeres en edad productiva se debía a la violencia de género.

Más allá de ser pilares de la estructura familiar y comunitaria, las mujeres son importantes actores de la economía de nuestro país; prueba de ello es que, actualmente, uno de cada cinco hogares es sostenido por una mujer; sin embargo, la violencia y los abusos ejercidos en su contra las hacen vulnerables, debilitan sus defensas físicas y psicológicas, disminuyen su rendimiento intelectual, afectan sus actividades laborales y educativas y sus relaciones familiares, limitan su participación pública y privada y las obligan a ocupar una posición marginal en la toma de decisiones y en todas las áreas de su vida.

El problema de la violencia afecta a todas las mujeres en general y a las que viven en condiciones de pobreza, en particular. Para transformar esa realidad, es necesario llevar a cabo un importante trabajo en todos los ámbitos y sectores de la sociedad orientado a lograr la igualdad, la equidad de género y etnia y la justicia social, como el que lleva a cabo Acción Popular de Integración Social, A.C., mejor conocida como APIS.

Originalmente, APIS surgió a iniciativa de Inge Marcus, una mujer alemana contratada por la agencia de cooperación internacional Servicios de Ultramar para colaborar con la Iglesia Luterana de nuestro país en el mejoramiento de las condiciones de vida de los sectores populares de la ciudad de México desde una perspectiva no asistencial.

Cuando ella regresó a su país, un grupo de mexicanas decidió continuar con el proyecto; así, en 1981, APIS se constituyó legalmente con el propósito de promover los derechos a la salud, reproductivos y ciudadanos en organizaciones de la sociedad civil interesadas en los problemas de género.

Durante sus primeros años de existencia, la Asociación trabajó principalmente con mujeres de organizaciones populares del centro y la periferia de la ciudad de México y en asentamientos urbanos irregulares en el interior del país, organizando y promoviendo actividades de divulgación, promoción y elaboración de propuestas y proyectos que generaran procesos de desarrollo social y que las propias mujeres pudiesen administrarlos.

A finales de 1992, un grupo de mujeres puso en marcha el proyecto "Nuestra Casa", en Mérida, Yucatán, el cual se convirtió más tarde en Apis Yucatán.

Entre 1994 y 1995, la asociación llevó a cabo una reestructuración interna y definió los objetivos con que trabaja actualmente, entre los que destacan: la promoción de la participación de las mujeres —principalmente las que viven en condiciones de pobreza e inequidad de género y etnia— en el desarrollo sostenible y la generación de ingresos y la prevención y atención de la violencia de género, particularmente la familiar.

APIS busca romper el círculo de la violencia de género, fortaleciendo los liderazgos femeninos mediante la capacitación, asesoría y acompañamiento para la organización y el desarrollo de proyectos productivos con perspectiva de género y para lograr un cambio en la autonomía de las mujeres y en las relaciones de poder entre hombres y mujeres que les permita mejorar su calidad de vida, la de sus familias y la de su comunidad.

En sus dos centros, situados en el Distrito Federal y en Yucatán, atiende a todas las mujeres de la república que acuden a ellos, ofreciéndoles, además, otros servicios.

Durante sus 25 años de existencia, APIS ha atendido y apoyado a más de 15 500 personas, entre mujeres y hombres de todas las edades.

   
Misión
   
 

Impulsar el protagonismo de las mujeres para mejorar la calidad de vida de las personas y de las comunidades.

   
Objetivos
     
 

Facilitar y promover la participación de las mujeres en el desarrollo sostenible y en la generación de ingresos, incorporando su derecho al acceso equitativo y el control de los recursos.

     
 

Contribuir a la prevención y atención de la violencia de género, especialmente en el ámbito familiar, promoviendo los derechos humanos de las mujeres y la construcción de nuevas identidades, habilidades y formas de relación.

     
 

Promover el derecho de las personas a decidir de manera autónoma, libre y responsable sobre su sexualidad.

     
 

Impulsar la construcción y el ejercicio ciudadano para fomentar una cultura democrática y de derecho que garantice la influencia y participación política de las mujeres en los asuntos de gobierno.

     
 
Beneficiarias
     
 

Mujeres indígenas que habitan en zonas rurales de alta marginación en los estados de Yucatán, Quintana Roo y Campeche que ganan menos de $28.00 pesos diarios.

     
  Grupos organizados de mujeres que se dedican a alguna actividad productiva y que quieren fortalecer sus organizaciones.
     
 

Mujeres de escasos recursos que viven o han vivido situaciones de violencia extrema y que necesitan ser acogidas, junto con sus hijas e hijos, en un refugio que les permita recuperar su salud física y emocional.

     
 

Mujeres de escasos recursos, de 14 años de edad en adelante, habitantes de zonas urbanas y suburbanas, que viven situaciones de violencia familiar.

     
 

Mujeres y hombres interesados en conocer o capacitarse en los temas de la violencia de género y familiar, así como de sexualidad.

     
 
Estrategia operativa
       
 

Para llevar a cabo su labor, APIS cuenta con dos modelos de intervención: uno de atención y otro de prevención de la violencia de género, dirigidos a mujeres jóvenes y adultas.

   
 

En toda su metodología de trabajo, así como en los programas y proyectos que desarrolla, ha incorporado la perspectiva de género. Como la prioridad de su quehacer es la solución de las necesidades de las mujeres, las actividades y acciones que lleva a cabo están dirigidas a darles un mayor acceso a la información, capacitación y desarrollo de habilidades para fortalecerlas en la toma de decisiones y en el ejercicio de sus derechos.

   
 

Con base en lo anterior, de acuerdo a las zonas en las que trabaja, los programas que ofrece son los siguientes:

   
  Distrito Federal
     
    Programa Violencia Familiar
   

Modelo de atención y prevención dirigido a mujeres jóvenes y adultas que abarca, entre otros servicios: la atención inicial en grupo y grupos de autoayuda; la formación de mujeres para que reproduzcan el modelo de atención en sus comunidades; la capacitación a través del diplomado "Hacia una cultura de la equidad"; y un programa para jóvenes de entre 14 y 29 años de edad orientado a prevenir la violencia.

     
  Yucatán
     
    Desarrollo sostenible y generación de ingresos
   

Programa dirigido a mujeres que viven en pobreza y en condiciones de inequidad de género y etnia y que desean emprender o llevan a cabo actividades productivas para generar ingresos y mejorar su calidad de vida y la de sus familias. Los proyectos van desde la producción de ropa bordada, artesanías, hamacas, papel reciclado y miel, hasta la creación de viveros de plantas de ornato y hortalizas.

     
   

APIS apoya a las mujeres para integrarlas a la vida productiva y social y las anima a que generen redes de cooperación y acción colectiva para lograr la realización de intereses comunes. Como parte del programa, entre otros servicios, se prestan los siguientes:

       
   

Capacitación en el desarrollo de habilidades para fortalecer la organización, para la gestión y para la formación de líderes; en el manejo de herramientas metodológicas para incorporar la perspectiva de género en la organización; y técnica, para la mejora de la producción y de los productos.

       
   

Formación de promotoras para el diagnóstico, planeación, seguimiento y evaluación de los proyectos productivos con perspectiva de género.

       
   

Educación en temas como: salud, salud sexual y reproductiva y violencia familiar.

       
   

Promoción de la autonomía, autogestión y vinculación con otras organizaciones afines y articulación de los grupos en red.

       
    Acompañamiento en el diseño de estrategias de comercialización.
       
   

Sistematización para recuperar las metodologías y los aprendizajes significativos de las diversas experiencias.

       
  Refugio para mujeres, niñas y niños en situación de violencia, CAMVIA.
   

Centro donde se acoge a mujeres que sufren situaciones de violencia y viven en peligro latente por no contar con un espacio adecuado para salvaguardar su vida y recuperar su salud física y emocional. En este lugar, las mujeres, sus hijos e hijas reciben atención integral en los ámbitos social, psicológico, legal y médico. Desde el refugio, también se ofrece a la comunidad educación para la prevención de la violencia familiar y de género y capacitación para el trabajo.

   
 
Otros servicios
       
 

Además de los mencionados, en el Distrito Federal se prestan los siguientes servicios:

    Atención telefónica y canalización
    Asesoría legal
    Asesoría psicológica individual
    Red de servicios
    Centro de Documentación
    Diplomados y seminarios
       
anterior
siguiente
 
 
Su trayectoria
   
 

La maestra Julia Narváez Solís nació en Pinotepa Nacional, Oaxaca, el 10 de diciembre de 1941, en el seno de una familia pobre en recursos económicos, pero rica en valores.

Siendo aún niña, a la muerte de su padre, comenzó a trabajar para ayudar a su madre a sostener a sus 12 hermanos menores, a la vez que estudiaba, práctica que se prolongó durante su adolescencia y juventud, pues, a la edad de 13 años, mientras cursaba la secundaria, se incorporó a trabajar en un supermercado y, después, mientras hacía sus estudios superiores, prestó sus servicios en el Colegio Acapulco como maestra de primaria.

En 1962 fue invitada a trabajar en la Secretaría de Salud. El contacto con la pobreza profunda, derivado de su trabajo en esa institución, fue determinante de su visión de la vida y de la elección de su formación académica para tomar el camino del servicio a los demás. Así, primero se graduó en Salud Pública Comunitaria y Trabajo Social, en 1972; posteriormente, en 1979, obtuvo el título de Maestra Normalista de la Universidad Autónoma de Guerrero y, 20 años después, ya jubilada, la licenciatura en Sociología de la misma universidad.

Para la maestra Julia, el estudio y la actualización continuos han sido fundamentales a lo largo de su vida, porque, como lo expresa en sus propias palabras: "No se puede ser mejor persona siendo ignorante". Por eso, además de su preparación profesional, desde 1967 ha completado su preparación con diversos cursos y diplomados, como, entre otros: cooperativismo, medicina natural, planeación estratégica y doctrina social cristiana; y actualmente cursa el diplomado Una Mirada a la Educación desde el Personalismo Comunitario. Ese saber para servir y el tomar conciencia de su condición social han sido los motores de su incursión en el trabajo voluntario.

En los años 1970, tiempos de efervescencia política en el país y de la guerrilla de Lucio Cabañas en las montañas de Guerrero, la maestra llegó al pueblo de Platanillo, en la sierra del mismo estado, a invitación de los misioneros pasionistas. El encuentro nuevamente con la pobreza extrema la hizo reflexionar sobre la precariedad en que vivía esa gente y decidió dedicarse a atender las necesidades de las mujeres.

De inmediato, la maestra Julia se dio cuenta de que, a pesar de que en el pueblo había producción de maíz y frijol, las mujeres no tenían acceso al dinero, porque los hombres eran quienes se encargaban de vender el producto de la cosecha y, también, de gastarlo, casi siempre en cerveza. Entonces, a ella se le ocurrió invitar a las mujeres a ahorrar en especie: les sugirió tomar unos "kilitos" de semillas de las cosechas y, cuando reunieron una buena cantidad, la vendieron. Así, surgió su modelo de ahorro y comenzó a funcionar la primera Caja de Ahorro y de Crédito Popular, a la que en poco tiempo se incorporaron casi todas las familias del lugar.

Con la inversión, la comunidad pudo financiar sus transportes para comercializar los productos, luego, con las ganancias, diversificaron sus cultivos hasta convertirse en una zona productora de mangos de alta calidad y, lo más importante, los habitantes de Platanillo descubrieron que eran capaces de modificar su entorno y mejorar sus condiciones de vida.

Con base en esa experiencia, la maestra Julia diseñó un modelo propio de caja de ahorro y puso en marcha más proyectos de ese tipo; asimismo, elaboró una tarjeta de control más sencilla, con rubros que fueran claros para la gente del campo que no sabía leer ni escribir o que lo había olvidado.

Convencida de que "la mayor riqueza de los pobres son sus manos y el trabajo", durante mucho tiempo se dedicó por su cuenta a animar y organizar a la gente en lo que llamó "Esfuerzos Compartidos", para ayudarla a lograr mejores condiciones de vida a través del desarrollo integral.

En 1998, la maestra Julia Narváez conoció la Fundación León XIII, I.A.P., y se dio cuenta de que compartían la misma misión, por lo que, desde el año 2000, colabora directamente con ella como coordinadora de su Centro de Desarrollo Comunitario, en Pinotepa Nacional, Oaxaca.

   
Impacto de su trabajo
   
 

Dotada de un definido espíritu de servicio y una gran sensibilidad social, hasta la fecha, la maestra Julia Narváez Solís ha fundado 71 cajas de ahorro y crédito popular con más de 5 700 socias, de las cuales 60 trabajan de manera autónoma en un ambiente de honestidad y confianza. Asimismo, con las inversiones de las cajas de ahorro, ha promovido la puesta en marcha de proyectos productivos comunitarios de salud, producción y capacitación para el trabajo, los cuales han beneficiado a miles de personas y familias.

Actualmente, acompaña a 2 780 personas en la consolidación de 11 cajas de ahorro, distribuidas en Oaxaca, en los municipios de Pinotepa Nacional, Tlacamama y Santo Domingo; y, en Guerrero, en el municipio de Coyuca de Benítez y en el puerto de Acapulco.

Su interés por el cooperativismo, el contacto con la Caja Popular Mexicana y la metodología de Paulo Freire para la interpretación de la realidad fueron elementos básicos de su formación que se han proyectado en el servicio y la asesoría que presta a los miembros de las comunidades rurales que acompaña.

Con gran generosidad, ha utilizado su capacidad y preparación para transmitir conocimientos básicos y administrativos a las personas que integran las cajas de ahorro y no saben leer ni escribir. Los miembros de las comunidades donde ha desarrollado su labor han logrado resultados exitosos, como el caso de la caja del pueblo de Platanillo, que comenzó con 21 socias y actualmente cuenta con 300, además de que en 2005 acumuló un ingreso de 3 000 000 de pesos.

Uno de sus principales objetivos cuando emprende algún proyecto consiste en no crear dependencias; por esa razón, organiza, promueve y facilita la creación de iniciativas y, cuando funcionan de manera autónoma, ella desaparece.

Aunque su trabajo ha estado más orientado al acompañamiento y promoción de las mujeres, también ha tenido una importante repercusión en las parejas y en las familias en general de las zonas donde trabaja, puesto que en muchos casos ha logrado, de manera sutil y respetuosa, que los hombres se incorporen al trabajo familiar.

En y con la Fundación León XIII, I.A.P., donde presta sus servicios de manera voluntaria desde hace casi siete años, ha desarrollado un modelo de huerta familiar, así como una granja escuela para obtener pies de cría para otras granjas, al igual que un jardín botánico dedicado a rescatar especies medicinales en peligro de extinción. Asimismo, trabaja para poner en marcha en un tiempo no muy lejano un proyecto denominado "Vivero Madre", que será proveedor de plantas y árboles frutales de la región. Hasta ahora, ha promovido la instalación de 40 granjas integrales y 25 huertas agroecológicas en comunidades indígenas y afromestizas.

Julia Narváez Solís ha sido una gran promotora del cambio social en la región de la Costa Chica de Oaxaca y Guerrero. A través de las enseñanzas y el acompañamiento que ha brindado a tantas comunidades marginadas de esa zona, ha logrado mejorar sus condiciones de vida, modificar patrones de conducta de las familias y establecer nuevos vínculos de participación comunitaria y transformación social convirtiéndolas en agentes multiplicadores del desarrollo.

Gran parte de la fortaleza de su labor y su ejemplo radica en la enseñanza de valores como la dignidad de la persona, la solidaridad, la búsqueda de la autosuficiencia por medio de la subsidiaridad, el respeto de los recursos naturales y la riqueza del trabajo comunitario, a través de los cuales ha logrado infundir en miles de familias del sur del país una visión esperanzadora de la vida y las ha guiado para liberarse de su condición de pobreza extrema.

   
 
anterior
 
 
Su trayectoria
   
 

El tatic (gran padre) Mardonio, como lo llaman cariñosamente los indígenas de su comunidad, nació en la ciudad de México el 27 de diciembre de 1929. A los 17 años de edad, ingresó al noviciado de la Compañía de Jesús y se ordenó como sacerdote a finales de 1961.

Durante su noviciado, estudió latín, griego, letras castellanas, humanidades y retórica; y, en el seminario, estudió ciencias, filosofía y teología. Entre 1955 y 1958, ejerció el magisterio en el Instituto Patria de la ciudad de México y, en 1963, dirigió una escuela de su orden religiosa en la ciudad de Puebla. Al conocer la situación de algunos grupos indígenas del país, cambió su sueño de incorporarse a las misiones en China por el de atender las misiones en las regiones indígenas del país. Así, solicitó a sus superiores su traslado a la Sierra Tarahumara; sin embargo, en enero de 1964 fue enviado a la Misión de Bachajón, municipio de Chilón, Chiapas, donde ha permanecido por más de 40 años.

A su llegada, comenzó a visitar las rancherías de San Sebastián y, ante el obstáculo del idioma para comunicarse con los habitantes de la región, se impuso como primera tarea aprender el tzeltal. A finales de ese mismo año, ya oficiaba sus primeras misas en esa lengua.

Entre sus primeras actividades, junto con las Hermanas del Divino Pastor, organizó un programa integral de trabajo dirigido a pastoral y salud. En 1965, gestionó la instalación del servicio de agua potable para la comunidad de Tacuba Nueva y, en un periodo de 10 años, logró el mismo servicio para 33 poblados más.

En agosto de 1968, el padre Mardonio Morales fue nombrado superior de la Misión y, casi de inmediato, comenzó una travesía a pie que se prolongaría durante años, recorriendo toda la sierra, fundando comités y organizando zonas, promoviendo cursos para catequistas en lugares estratégicos y visitando comunidades en formación.

En 1971, con la ayuda de su hermano, el padre Ignacio Morales, y la del padre Juan Dingler, inició lo que sería su labor más importante: la colaboración en los procesos judiciales para resolver los complicados problemas agrarios de la zona indígena de Chiapas. Para ello, junto con un grupo de jesuitas, tradujo al tzeltal la Ley de Reforma Agraria, con la finalidad de que los indígenas la conocieran en su propia lengua y, así, pudieran enterarse de los trámites necesarios, los derechos y las obligaciones que los afectaban de manera directa. Dicho trabajo fue de gran importancia para la recuperación de las tierras y para los asentamientos ejidales que comenzaron a fundarse en la selva.

Dos años después, acompañó a las autoridades tradicionales de San Sebastián a Tuxtla Gutiérrez para reactivar el proceso agrario que se había iniciado años antes. A raíz de ese viaje, el gobernador del estado creó la Oficina de Trabajo y Previsión Social, cuyos primeros casos fueron los presentados por el padre Mardonio y los dirigentes indígenas.

A raíz del nombramiento del nuevo superior de la Misión de Bachajón, en 1972, el padre Mardonio se dedicó a continuar su labor pastoral y, con especial interés, a la traducción al tzeltal del Evangelio de San Mateo, con la colaboración de otros sacerdotes jesuitas y traductores indígenas.

A principios de 1973, consiguió recursos para la construcción de las ermitas de Tuliha, Paxilá y Tacuba Nueva y, casi al mismo tiempo, fue invitado por el secretario de Asuntos Indígenas de Chiapas a organizar un acto conmemorativo para celebrar el 500 aniversario del nacimiento de fray Bartolomé de las Casas, primer obispo de Chiapas y defensor de los indígenas. El padre le respondió que la mejor forma de celebrarlo era resolviendo los procesos agrarios y judiciales pendientes.

En septiembre de ese año, comenzó a trabajar con el obispo de San Cristóbal de las Casas, don Samuel Ruiz, en la organización de lo que sería el Primer Congreso Indígena, que se llevó a cabo al año siguiente y rebasó las expectativas de sus organizadores, puesto que, por primera vez, los representantes de los principales grupos indígenas de Chiapas se reunieron y compartieron experiencias y aprendizajes en un encuentro en el que ellos fueron los protagonistas.

Entre 1977 y 1980, debido a un distanciamiento con la organización eclesial de Ocosingo, la Compañía de Jesús creó la Misión de Arena. Parte del equipo de Bachajón se trasladó a esa nueva Misión, entre ellos el padre Morales. Ahí, junto con Fomento Cultural y Educativo —una asociación civil formada por laicos, laicas y jesuitas—-, inició el proyecto de Chiapas para poder seguir atendiendo a las comunidades de Bachajón y de la cañada de Santo Domingo con sus ejidos.

En 1985, gracias a los esfuerzos de todos los miembros de la Misión y de los indígenas, se logró concluir con los procesos agrarios de la zona. El mismo año, a raíz de la muerte de un indígena a manos de la policía, se creó el Comité de Defensa de Libertades Indígenas, gracias a la cooperación entre ch'oles y tzeltales.

Entre 1981 y 2000, el padre Mardonio Morales fue el encargado de la pastoral en la Misión de Arena, donde, con su trabajo, fomentó y apoyó la ordenación de diáconos indígenas y la formación de prediáconos para el fortalecimiento de la iglesia autóctona que había iniciado don Samuel Ruiz 14 años antes. En 1992, participó en la marcha Xi'nich, formada por organizaciones indígenas, que partió desde Chiapas hasta la ciudad de México para hacer escuchar las demandas de los indígenas.

En la actualidad, el padre Mardonio Morales Elizalde está jubilado, pero continúa colaborando con Fomento Cultural y Educativo, A.C., institución que se dedica a ofrecer servicios de educación y organización popular a indígenas y obreros de las zonas más pobres del país, acompañándolos en los procesos de autogestión, educación y promoción comunitaria, sin violentar su cultura.

   
Impacto de su trabajo
   
 

Inspirado en las palabras de San Ignacio de Loyola, "En todo amar y servir", el padre Mardonio Morales Elizalde ha caminado por los ásperos senderos y cañadas de la sierra chiapaneca y por los aún más ásperos senderos de la injusticia, la desigualdad, la opresión y el despojo en que han vivido los pueblos indígenas de la zona, llevándoles palabras de aliento, compartiendo sus angustias y esperanzas y defendiendo sus derechos.

Durante más de 40 años, ha dedicado su vida al servicio de los más pobres, buscando alternativas justas y solidarias que han fructificado en la libertad y dignidad de esas comunidades indígenas.

Desde su llegada a Chiapas, en 1964, su labor humana y pastoral ha sido amplia y excepcional, particularmente en tres temas: la integración de procesos educativos y organizativos en las culturas tzeltal, tzotzil, zoque, ch'ol y tojolabal; la asesoría en procesos organizativos-jurídicos para solucionar los conflictos por las tierras y combatir la discriminación y el abuso de poder, con el objetivo de legalizar y pacificar la región noreste del estado; y la traducción y actualización de textos útiles para el desarrollo comunitario en materia agraria y cultural.

Entre sus primeros logros en Bachajón, destaca la organización de un programa integral de trabajo dirigido a pastoral y salud que funciona exitosamente hasta la fecha. Con el programa, se pusieron en marcha algunas prácticas de la medicina tradicional ejecutadas por promotores y operadas bajo la responsabilidad de cada comunidad.

El padre Mardonio Morales ha sido pieza clave en los procesos de legalización de las tierras de las zonas indígenas de Chiapas y, en consecuencia, del logro de la paz comunitaria. Durante varias décadas, acompañó a los campesinos, los apoyó y luchó ante las instancias agrícolas y judiciales oficiales hasta resolver los complicados problemas agrarios, muchos de los cuales tenían su origen desde principios del siglo XX. En ese terreno, su colaboración en la traducción que hizo al tzeltal de la Ley de la Reforma Agraria, fue fundamental.

En el ámbito de los derechos humanos, su participación en la creación del Comité de Defensa de las Libertades Indígenas fue decisiva.

Como miembro activo de la Iglesia Católica, se le considera como uno de los principales constructores de la "Iglesia Autóctona" de la Diócesis de San Cristóbal, impulsada por don Samuel Ruíz a raíz de la celebración del Primer Congreso Indígena, en 1974. En ese ámbito, el padre Mardonio Morales ha promovido y participado directamente en la formación de diáconos, prediáconos y catequistas indígenas; incluso, Bachajón es considerado actualmente como un importante "semillero" de promotores religiosos indígenas.

Entre sus aportaciones más significativas a la difusión del evangelio, están las traducciones que hizo al tzeltal del Nuevo Testamento y los Evangelios de San Marcos y San Juan, así como su colaboración en la traducción de la Biblia completa a esa misma lengua, adecuando los textos a la cosmovisión maya para que los signos tuvieran una relación real con la vida cotidiana, el rito y la fe de las comunidades indígenas.

Durante más de cuarenta años, el padre Morales ha caminado al lado de los indígenas tzeltales de Chiapas, dejando una huella profunda en el ejercicio de su liderazgo a través de su lucha por los derechos de los grupos indígenas —en muchas ocasiones, arriesgando su propia vida—, de su trabajo solidario al servicio de los más pobres, de su entrega a la integración de los mexicanos indígenas marginados, de su labor a favor de la preservación de la herencia cultural de esos pueblos y de su trabajo pastoral para llevar el evangelio a los rincones más lejanos del estado de Chiapas.

La coherencia absoluta entre su praxis y su pensar lo han convertido en una de las personas con mayor autoridad moral entre las comunidades de esa etnia maya y en un ejemplo para toda la sociedad.

   
 
inicio